En el extremo del parque del Palacio de Rambouillet, tras una fachada que evoca un templo antiguo, se oculta uno de los rincones más atrevidos del siglo XVIII. La Lechería de la Reina, regalo de Luis XVI a María Antonieta, alberga una cueva artificial de carácter monumental donde el mármol y la roca bruta se combinan para rendir homenaje a la naturaleza y a la mitología.